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martes, 15 de noviembre de 2011

Moda-cuerpo-performance

Como la oralidad, quizás de forma más evidente, la moda es performance. Es un evento, es la actualización de un código compartido, es una forma de habitar y construir colectivamente el cuerpo. Es moral corporizada. Es una forma de experimentar en la materialidad de un cuerpo diferente al anatómico, que lo excede y sobre-escribe, los significados que la cultura crea. La moda es la forma en que la cultura transmite significados que la misma cultura construye. La forma en que el cuerpo es interpretado, la forma en que ese cuerpo se dispone en el espacio social y ambiental, el código que cada cuerpo debe aprehender por las posiciones sistémicas que ocupa. La moda retraduce esa masa indefinida de información en un conjunto de reglas que se escriben en el cuerpo y que leemos a cada paso, que sabemos interpretar, sabemos reconocer y sabemos responder. Tiene el carácter de una performance porque los contenidos que asume el cuerpo-vestido, cambian en la interacción de los sujetos, pero los sujetos al habitar el vestido son significados por él.

Anna Dello Russo, una de mis performers favoritas!









viernes, 14 de enero de 2011

La moda y el movimiento



El concepto sólo se puede valer de sí mismo. Lo que resta, son intentos por lograr un cierre, una clausura. Cada intento, se realiza desde una sucursal "exterior": exterior al concepto, pero interior al lenguaje como universo de todo lo existente. Todo cierre, finalmente, es parcial y toda clausura es inestable.

La materialidad, abre un paréntesis temporal al concepto. El ansioso mundo de las cosas, más la inabarcable vida del concepto, desbordan al vestido acutal. Lo desbordan dejando en evidencia su incapacidad de contener, por un lado la idea, y por otro la pujante rítmica de los objetos. Todo vestido se sabe demodé. Cuando se dice, no se repite, ni se vuelve a decir: se sigue diciendo. El decir, sigue en una cadena que se corta por su eslabón actual, para retomarse y volverse a romper. En todo el recorrido, cada nuevo camino tiene su antecedente en el quiebre anterior. Lo abandonado no se pierde, se incorpora.

Cada conjunto de elementos que fueron "estilo", ahora, aguardan como recursos. La moda, sigue buscando abrazar al concepto que se le escapa. En la fuga, la idea nos recuerda que es intemporal, y que cada intento de contenerla, en un conjunto finito de existencias, está condenado a perderse en su propia temporalidad, en su propio encierro. Pero el objeto se sabe, desde el comienzo, medio en una cadena de medios, que por definición se multiplica con cada nueva producción. Lo intemporal y lo infinito, se pretenden contener en la actualidad, en la sincronía del vestido, que fracasa por el encierro que propone.

Si fuera posible contener la idea y el mundo de los objetos, la moda sería ese instante revelado, de una vez para siempre. Pero la moda se realiza en su imposibilidad, si fuera posible, no sería. Tal vez sería tragedia, el recuerdo del momento que fue.

La moda que se fuga, es la única posible. En cada nueva búsqueda se incontrola el sistema. En cada nueva búsqueda, operamos cierres que tienen capacidad de mantenernos despiertos para llegar a aburrirnos. Ahí es que nos acermanos, lo máximo posible, a la moda. Cuando caemos a cuenta de que ya no está, o que nunca estuvo donde pretendíamos abrazarla. Cuando estiramos los márgenes de lo decible es que nos acercamos un poco a la moda, que sin abrazarla nos da una tregua, por un rato nada más...

jueves, 6 de enero de 2011

Kenzo o el camino de lo etéreo

En el cono sur somos verano. Admito estar en contra -de modo fundamentalista- de la moda de transplante cultural - o mejor dicho, de copia. No obstante, creo que Kenzo en su colección Printemps-Été 2010, da cuenta de una experiencia que puede haya cobrado valor universal o global. Digo, haciendo cargo a la globalización por la identificación en formas de vida y sentir a las cuales nos enfrentamos como complices, sin distincion, todos los seres "occidentalizados"(que puede que sea una forma 'chic' por la cual se cuele -como contrabandeado- el imperialismo de antaño). El vestir parece apropiarse y construir un espiritu o una busqueda espiritual que se nos hace una para todos, entre pueblos diferentes o, en este estadío de la aldea global, simplemente lejanos.

Hoy es probable que la rítmica de la ciudad, la hiperconexión, los estados ausentes en presencia en realidad virtual, o ausencias en acto en miradas que se esquivan, hagan que el espíritu, reaccionando al stress (moderna histeria?), contruya salidas donde no hay palabras y se invente vías, más que puentes, trampolines, formas, espacios para desesperar sin perder el mundo.

Kenzo se ubica en ese vacío (?) de la necesidad de desconexión, donde las palabras no alcanzan y se contruye otro lenguaje que hace vestido -en lugar de síntoma, como una salida que no nos escapa y seguimos el rumbo. Kenzo busca robar espacio a los tiempos de ausencia en cuerpo, dando al cuerpo otro ritmo. Kenzo busca escarparse con ese espiritu, en un vestir, que siendo cuerpo busca refugio, busca descontracturar, (des)conectar, tomar vuelo... busca en lo terrenal, en las líneas y el género, un camino, y encuentra un modo de acercar al cuerpo al sentido más conectado (negando la hiperconexión) dando forma a lo más informe: lo etéreo.














Fotos Vogue París

miércoles, 21 de julio de 2010

El nudo del vestir

Todo vestido guarda una historia o tiene muchas por contar. Un silencio donde no alcanzan las palabras. Un nudo de angustias también. Cuerpo que sólo se entiende en su complicidad con el vestido. Vestido, que en tanto tal, no es otra cosa que ese cuerpo. Al habitarlo lo produce. El vestido construye un cuerpo. El cuerpo y el vestido son uno. El vestido pide vida prestada al cuerpo que la da en energía y el vestido devuelve con satisfacción que nunca alcanza para lograr la identidad. El cuerpo-vestido se manifiesta en, y transita por, ese vacío que termina por significar la moda.

La moda es en proceso, no en destino. El vestido sigue su camino y deja silencios que quizás nunca sean llenados. Pero a veces hay una eficacia que da cierta sensación se estabilidad. Ahí la moda nos convence, ahi es donde le damos crédito, donde confiamos. La moda se hace inteligible en la eficacia rítmica del vestir.



http://www.elle.com/Fashion/Street-Chic/Wardrobe-Chic-Sia

jueves, 24 de junio de 2010

J.P Gaultier y la belleza caótica

Desde que empecé a interesarme ‘seriamente’ en la moda (a mis tiernos 16), tuve mis temporadas fanáticas alrededor de un modisto particular. Desde Theyskens hasta McGibbon...

El hecho es que desde septiembre ’09 estoy fan total de J.P Gaultier.

No se si será la sugestión del fan que ha imaginarizado tanto a su ídolo que todo lo que haga le parece bien, o es que realmente esta colección O-I es uno de los puntos altos de la moda de la década. Realmente tiene lo sublime del arte, lo majestuoso de París, lo artesanal de la identidad étnica...

De toda esa colección esta combinación tiene todo lo que me quiebra como adicto a la belleza.

No es la síntesis de los múltiples elementos que se presentan: es la dispersión, la multiplicación caótica de todo lo que se muestra... es como enfrentar muchos espejos y dejar que se reflejen al infinito... es hacer un culto a la belleza en proceso... es un mapa de lo múltiple, es la belleza en su estado mas puro: en movimiento!

sábado, 5 de junio de 2010

Cambio de planes, planos y camino

Hace días que no subo nada, y antes del último post hacía ya un tiempo que no escribía. Resulta que por estos días muchas ideas van cambiando y con ellas los objetivos por los que vivo la moda. Estoy estudiando cada día más y con muchas ganas, convenciendome que la moda no puede ser reflejo... Basicamente porque no hay una escencia plena, original, autosatisfactoria y autoerótica que deba reflejarse. Si fuera un reflejo, sería un acto narcisista de la humanidad. Y la moda no es eso. Sería circular y autodestructiva. Y la moda no es eso.

La moda vive escapandóse. Se escapa a cada paso. Vive en fuga y en la fuga es donde se hace eterna. Por eso la busco, porque se escapa. Con esta postura es natural que el objetivo de entregarme a la moda tiene que modificarse. Si antes, suponiendo que la moda era reflejo, creía que me arrojaba a un mar de profundidades asombrosas y lleno de enigmas, ahora no puedo más que pensar que me arrojo al vacío desde algún punto en movimiento. Antes podía fantasear con un tesoro en las profundidades, ahora con disfrutar del vacío sin saber si me voy a estrellar o qué... Vivir en proceso sin esperar nada a cambio esa es la nueva revuelta.


J.P. Gaultier sabe mejor que yo de que se trata esa fuga

P.S: Jorge Drexler descubrió una bellísima forma de expresar todo lo que dije en la frase "amar la trama más que el desenlace", yo agregaría porque puede que sea pura trama.

miércoles, 14 de abril de 2010

Moda de contenido múltiple, moda como forma

Es posible hablar de LA moda cuando vivimos una proliferación cada vez mayor y variada de líneas, de estilos? Podemos hablar de La moda cuando parece que nos refugiamos en el estilo cada vez nos sentimos un paso alejados de la correcta actualización Del Código de Vestir? O es que hay moda más allá de LA moda que, sin perder su ser, la atraviesa?

Muchas cosas... Creo que estas preguntas no surgen si realmente la unidad del significante Moda fuera eterno e inmóvil, si existiera tal unidad u "objetividad inobjetable".

Cuando la moda era seriar cuerpos, estas preguntas no ocurrían. En esos tiempos había una línea, cuyo por fuera implicaba ser/estar demodé. Hoy por hoy, estar por fuera de una línea no contradice ir a la moda pues puedo estar funcionando en otro modo, también aceptado, también de moda...

Cada una de estás modas tiene su conjunto de reglas. Pero con tanto conjunto de reglas, dónde está la moda? LA moda, única, estable y uniforme, no existe más. Entonces, la moda no existe? No! La moda sigue existiendo pero no como LA moda sino como moda múltiple. Respiramos nuevamente, hay moda, podemos dormir tranquilos... pero el problema es que hay mucha, tanta que nos desborda...

Lo que no existe más es la moda definida por su contenido homogéneo y transparente. Ahora la moda se nos presenta, más que por su contenido, por su "modo".La moda es movimiento y la encontramos cada vez que reconocemos un intento manifiesto de crear algo nuevo, de captar un instante fugitivo de belleza o incluso de cambiar el mundo. Cada vez que el cuerpo-vestido tiene algo que decir y habla y lo hace con intención de hacerse oír. Cada vez que intentamos cambiar el mundo o adornarlo de otra forma, de hacer algo distinto con lo que hay a mano... En esta clave me parece que es súper adaptable un pasaje de “El pensamiento salvaje” de Lévi-Strauss que dice La única regla del juego es arreglárselas con lo que uno tenga, es decir un conjunto finito de instrumentos y de materiales, además heteróclitos, porque la composición del conjunto no está en relación con el proyecto del momento (ni con ningún proyecto) sino q es el resultado contingente de todas las ocasiones q se le han ofrecido de renovar o de enriquecer sus existencias, o de conservarlas con los residuos de construcciones y de destrucciones anteriores.". En la medida que intentamos crear sentido con elementos de la "estructura" creo que podemos hablar de Moda. Aunque el contenido de esa moda no sea uno sino múltiple porque la capacidad de crear sentido con lo que hay a mano abre el campo a variadas interpretaciones tan validas como interesantes (aunque, políticamente, algunas sean más eficaces que otras). La moda como forma sería ese intento productor de la realidad, cuyo contenido no está definido a priori (ni a posteriori).

Ahora surge otro problema... Cuándo estamos demodé si la frontera es tan voluble o inestable? cuál es el limite de esa moda, si parece que todo fuera posible mientras se cumpla el postulado de crear sentido con lo que hay a mano? Con ese modelo parece que todo está permitido bajo la excusa de producir mundo (y el cuerpo vestido en tanto plenamente implicado en ese mundo y ese hacer). Bueno si alguno sabe cuénteme...



Revista Vogue

lunes, 28 de diciembre de 2009

Nuestro espiritu inquieto viste a la moda!

Folk, urbano, sofisticado, romántico, naif, étnico, clásico, glam, retro, gipsy, boheme... son algunas de las variantes que existen dentro de las propuestas de estos últimos tiempos. Es interesante como según la época del año se activan unos y otros se congelan hasta nuevo aviso. Pero unos y otros se van superponiendo.

Lo llamativo es como proliferan, cada vez más, los adjetivos para identificar los diferentes estilos. Tengamos en cuenta que las gradaciones dentro de cada estilo son muy variables: limites difusos los separan, cuando no se enlazan, también con matices que los mantienen autónomos e identificables.

A su vez, algunos se agotan por su superexplotación y al requerir la continuación del termino se agrega el prefijo “new”, ej: new romantic....

No deja de asombrarme como el abanico de categorías para clasificar nuestro cuerpo-vestido crece a medida que la vida misma se multiplica en nuestras opciones cotidianas. Digo, cada vez estamos más involucrados en el abanico de actividades que nos rodea. El mundo nos muestra que estamos hechos un poco de todo y si bien por un se tiende a la hiper-especialización (claro ejemplo es la medicina donde los especialistas dejan su vida para descubrir que pasa al interior de un órgano, tejido o célula y así hasta llegar al componente mínimo), el hombre romántico resiste con éxito.

Me llama mucho la atención que este fenómeno (que muchos llaman ‘democratización de la moda’) nos sorprenda justo cuando la ‘clase social’, en la construcción de la identidad, ha dejado de ser monopólica ( incluso parece sorteable).

Las estructuras partidarias parecen representar poco de los intereses individuales. Lejos de responder a nuestras preocupaciones buscan retener sus focos de poder y su vetusto aparto burocrático. Así, las organizaciones de la sociedad civil y no gubernamentales, vienen a saciar esa necesidad de múltiples preocupaciones. Medio ambiente, igualdad de derechos para todas las etnias, razas, religiones e identidades sexuales, problemáticas territoriales, sin contar que la preocupación por el cuerpo nos empuja a yoga, running, box, origami, canto, etc...

El vestido-cuerpo refleja esa multi-actividad, la absorbe, la hace suya. Hoy podemos hacer de nuestro vestido algo y mañana identificarnos con otra cosa, pero todas ellas nos atraviesan y constituyen. Todo parece responder a una necesidad espontánea de un espíritu inquieto que tiene en el vestido su cuerpo. La efervescencia del vestido-cuerpo es tal que parece reflejar lo versátil de las identidades múltiples. Donde lo efímero es la ley, el placer está en lo inestable, pero de todos modos completo.

El vestido cambia como cambian las crisis, cada vez más recurrentes y volubles. No obstante es genial como somos todo ese complejo de actividad. Complejo pues no somos simplemente la suma de cada cosa que nos identifica. Somos esa instancia superior que abraza cada parte, que por sí sola es muy parcial. Podríamos pararnos frente a nuestro guardarropa y dudar si hay muchos ‘yo’ en el, pero si tomamos distancia y logramos reconocer ese espíritu en constante búsqueda de satisfacción, caemos a cuenta que todo eso suma 1, suma ‘yo’.