viernes, 18 de diciembre de 2009

La moda se robó mi cuerpo o el cuerpo encontró su moda?

La prenda como objeto, como cosa, es exterior (a veces hasta ajena). Pero los significados que encierra y las representaciones que la atraviesan, son plenamente nuestras. Lo que pasa con esas ideas que recorren el vestido es que no son elegidas libremente, están condicionadas por el medio, por el contexto socio histórico. Elegimos libremente ente las opciones que se nos presentan, pero esas opciones se nos imponen, “la libre elección de amos no suprime la existencia de amos y esclavos”, decia Marcuse en el hombre unidimensional. Con esto quiero decir que el vestido no es una segunda piel, o que cubre el cuerpo, sino que es el cuerpo. Lo que en todo caso serìa una segunda piel es la prenda en abstracto, o sea, sin la carga de esas significaciones que encierra, sin los valores que nos atribuyen al vernos portándolas. La prenda pensada en abstracto serìa la segunda piel, pero de momento que la prenda arrastra significados, creencias, formas de vida, estilos de vida, ese vestir ha tomado por asalto al cuerpo mismo. Ese cuerpo que al verlo desnudo nos arrastra a la soledad del cuarto.

La carga ideológica que tiene la prenda la hace cuerpo, nos hacer pertenecer hace que nos reconozcamos como parte de algo, que reconozcamos a nuestros pares, a nuestros antagonistas y a nuestros competidores. La vorágine de sentido que envuelve al traje es tal que no podemos reconocer mayor significado que la ausencia a los momentos de desnudez.

La prenda nos distancia y nos acerca. Pero no esa prenda despojada de toda representación, ej: camisa. Esa camisa, así como se escribe no dice nada. En ese estado abstracto, nos iguala. Pero al señalar esa camisa que llevo, que llevo por algo, que llevo por mucho y no llevo otra porque no seria ‘yo’, se ve como una prenda está preñada de significaciones que están en mí mucho antes de poder representarlas con esa camisa. Por esto el vestido es cuerpo, o mejor: no es diferente del cuerpo, porque ya está en nosotros antes de encontrarlo. Antes de saber que esa prenda es la que mejor me sostiene, reconozco eso que hay que sostener: ese montón de ideas que me atribuyo y me corresponden por ser parte de un tiempo y espacio determinados. Si esta es la moda que mejor habla de mí, significa que antes de ella identifico un ‘mí’. Ese ‘mi’ se pierde en la prenda a punto tal que encuentra vida en ella. Así nuestro vestido cobra vida y nos da vida a los ojos de los demás.

2 comentarios:

  1. lo escribiste tu? me gusta mucho cómo escribes.. y yo creo que .. depende como lo mires, yo creo el cuerpo encontró su moda.

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  2. Gracias!
    Es muy cierto que depende del cristal con que se mire (o incluso -como es mi caso- del día o el humor con que despertamos...)

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